Cuentos infantiles escritos por Manuela Fernández Cacao


La niña de las trenzas de oro


     Érase una vez una niña  con unas trenzas tan  largas como el invierno y tan rubias como el mismo sol. 
    Vivía muy feliz con sus padres en una casa donde todo era alegría y dicha, hasta que  un día  la madre le dijo: «Vas a tener un hermanito, tendrás que quererlo y cuidarlo» A partir de ese momento todo fue distinto.
    Desde el mismo día en que nació el hermano la niña  tuvo que compartir de su padre los abrazos que él le daba y el cuento que le leía frente a la chimenea. Cuando por las noches la madre le daba un beso ya no solo era para ella. Ya todo tenía que compartirlo y le sabía a poco, los celos no le dejaban descansar así que por despecho  le hacía al hermano todas las trastadas posibles: le escondía los juguetes, cuando rompía algo decía que había sido él y las burlas que le dedicaba  eran constantes.


     Como todos los años llegó la Navidad.  El padre había talado el árbol más alto que había encontrado en el bosque y lo había traído  a casa. 
     Era un árbol bellísimo y lo vistieron de Navidad:  En  las bolas se reflejaban todos los colores de la habitación, amarillos, rojos, verdes;  unos collares de perlas sorteaban  entre las ramas y en lo más alto  una estrella brillante que parecía dominar todo el salón.
    Una noche que estaban todos juntos la niña miraba al  hermano cómo se reía jugando con un caballito de cartón. La madre se levantó y cogiendo al hermano en brazos dijo: «Mientras tu padre va a cortar leña yo voy a la cocina, os prepararé un vaso de leche para que os vayáis a dormir». Cuando la niña se quedó sola en el salón cogió el caballito del hermano y empezó a estrujarlo con todas sus fuerzas, quería hacerlo trizas, le rompió las orejas, las patas y tirando al suelo lo que quedaba de él lo pisoteó. De repente se vio iluminada por una luz que venía de la estrella que coronaba el árbol. La niña se asustó. La luz tomó forma de una bella dama

     —Ummm…. Soy la luz de la Navidad.  Te estoy observando y veo que a pesar de tener una cara dulce y tener  unas hermosas trenzas, eres cruel con tu hermano.

     —Aquí no me quiere nadie —dijo la niña

     Y señalando con su mano a la niña la dama  dijo:

     —Te convertirás en lo que has destruido.

     Hubo un destello y la niña sintió algo raro. Se miró en una de las bolas del árbol y descubrió que se había convertido en un caballito, como el que había roto, eso sí, un caballito con trenzas de oro.

     Entre sorprendida y asustada salió galopando de la casa.






     Deambuló por aquí y por allá  durante horas, pasando por prados,  ríos, montes, hasta llegar la noche. No se había atrevido  a  parar en ningún lugar y sus patas ya se resentían. Se agazapó entre las hojas de un arbusto hasta que amaneció despertándose con  dolor de estómago por tenerlo vacío,  necesitaba comer algo.

     —Ehhhh allí hay unos campos  —y la niña galopó  hacia ellos.
 
    Empezó a comer las hojas de una lechuga que a penas brotaba de la tierra cuando apareció un hombre con una escoba. «Fuera de mis campos, no te comerás mi cosecha»  Y nuestro caballito de trenzas de oro salió corriendo sin rumbo cierto.

     Pasaron horas, estaba cansada y desorientada. «Descansaré un ratito» y reposó en un jardín al lado de una valla  pero unos niños empezaron a subírsele al lomo «Vamos caballito, danos un paseo» y dando saltos para deshacerse de los niños de nuevo tuvo que salir al galope, fue perseguida un buen trecho por esos niños que le jaleaban y gritaban.  

     Estaba muy abatida, llevaba 3 días pasando frío y hambre y no sabía a dónde ir, había comido apenas unas hojas de lechuga y alguna hierba áspera como el mismo esparto.

     Andando por un camino reconoció  el árbol donde un día su padre le construyó un columpio  «Ohh he estado dando vueltas todo el tiempo». De lejos se veía el humo que salía por   la chimenea de su casa.  Se dirigió hacia allí, atravesó el  jardín y se asomó por la ventana.

     Sus padres y su hermano estaban junto al árbol. No había villancicos.  Las luces del árbol estaban apagadas. Su madre lloraba y  su padre con cara de abatimiento miraba a  su hermano que hacía pucheritos. Era evidente que  la tristeza reinaba en esa casa.
   
      Sin pensarlo la niña golpeó el cristal de la ventana y la madre al verla dio un salto.

     Rápidamente todos acudieron a la puerta a abrazar a la hija que había vuelto. Su hermano como era muy pequeñito gateaba por llegar a la niña y ella que le vio se agachó y lo cogió en brazos.

     —Hija, creímos que te habías ido para siempre —dijo el padre.

     Un impulso hizo que fuera  rápidamente hacia una bola del árbol para que le sirviera de espejo, esta vez veía su carita aterciopelada con sus grandes trenzas doradas.

     —No papá, os quiero mucho a los tres y deseo estar siempre con vosotros.


     En ese momento una luz surgió de la estrella que coronaba el árbol, esta vez  envolvió a toda la familia para  nunca jamás dejar de brillar.







Texto excrito por ©Manuela Fernández Cacao. Todos los Derechos Reservados.








22 comentarios:

Lirtea dijo...

Felicidades,dobles felicitaciones, por tu precioso blog de cuentos y por el cuento que nos regalas.
Me gusta el diseño del blog y el nombre, es dulce, como lo serán tus cuentos.
Este primero me ha tenido enganchada desde el principio al fin . Es un cuento navideño entrañable.
Mucho éxito¡¡

Flor dijo...

Hola Manuela , me a gustado mucho tú cuento , la verdad es que no nada mejor , que darle un buen escarmiento a la niña , menos mal que viendo lo que había pasado y el hambre que arrastraba decidió volver a casa , te deseo una feliz tarde , y deseo de todo corazón que este nuevo año que esta por llegar te traiga felicidad , y sobre todo te deseo mucha suerte en esta nueva aventura con el nuevo blog , besos de flor.

Pd , Te invito a merendar a mi casita virtual , ya que ayer fue mi cumpleaños y aún guardo un trozo de tarta , anímate y brindaremos juntas por nuevo año , besos de flor.

Trini Altea dijo...

Feliz Navidad.

Tracy dijo...

Enhorabuena por tu nuevo blog. es precioso el cuento con el que has empezado y me imagino que también los siguientes , todos nos convertiremos en niños al leerte..
Muchas felicidades.

Genín dijo...

¡Precioso!
Yo leeré lo que escribáis porque dudo que tenga el talento, necesario para escribir algo que ni siquiera se acerque a la calidad de este cuento :)
¡Felices fiestas!

Besos y salud

JOSEP Mª Panades dijo...

Un cuento para contarle a mi nieta cuando sea un poquitín mayor y así pueda entender la enseñanza que contiene. Mientras lo leía, me he sentido un poco niño, ese que quedó atrás hace más de sesenta años. Pero de eso se trata, ¿no?, de volver a ser niño, jeje.
Un abrazo y felices fiestas.

Margarita HP dijo...

Es un cuento precioso Manuela. Me ha encantado, y desde luego, una moraleja hermosa para muchos niños, y también para algunos mayores.

Muchos besos y mucha suerte con esta nueva andadura. :D

llorenç Gimenez dijo...

Hola Manuela.. El nuevo Blog me ha parecido exquisito, el cuento, como escribes y lo expresas, y la presentación, elegancia y sencillez..
Un abrazo ..

Ester dijo...

Que lindo te ha quedado, se nota el mimo que has puesto en el y el cuento me ha encantado. Un abrazo de felicitaciones

dijo...

Un cuento hermoso y aleccionador
HAsta que nos demuestran que nos quieren con toda el alma,no nos damos cuenta de ello y eso en los niños es muy duro,porque los celos les envuelven.No entienden en su pequeño mundo el porqué !
Los detalles de las bolas del árbol son muy bonitos
Besucos y FELiz Navidad de todos los días
Yo tengo ahora el blog cerrado,por motivos personales pero volveré a abrirlo
Besucos

La utopía de Irma dijo...

Feliz renacer...

Besines utópicos, Irma.-

Alfred dijo...

Al menos aprendió la lección.

Macondo dijo...

Bonito cuento de Navidad.

esteban lob dijo...

GRAN nuevo blog, Manuela. Tu cuento es aleccionador y bello.

Aplausos fuertes desde Chile.

Rafael Humberto Lizarazo dijo...

Entrañable cuento con aromas de hogar y una buena enseñanza. Muy bonito el blog, seguiré viniendo.

Un abrazo.

DULCINEA DEL ATLANTICO dijo...

Hola Manuela, un cuento con sabor a Navidad muy entrañable y con lección incluida.
Me gusta el nuevo blog, mis felicitaciones
Un abrazo
Puri

RECOMENZAR dijo...

que lindo blog tienes me gusta el arte en todas sus formas y colores Lo mejor del mundo para vos en este nuevecito año que se inicia

Marcos dijo...

Los que hemos tenido varios hijos, sabemos que los quieres a todos por igual, pero es lo propio ese "repelus" hacia el nuevo hermano que choca con el propio egotismo del hermano.
Ley de vida. Bonito cuento de Navidad.

BLOGOSFERIA dijo...

Qué preciosidad de cuento!
Y con moraleja incluida!
:)
Escribes muy bien!
Un abrazo!

CHARO dijo...

Un bonito cuento navideño con final feliz, me encanta.Besicos

Boris Estebitan dijo...

Que cuento tan hermoso. Nada como estar juntos en familia en Navidad, linda forma de terminarlo.

esteban lob dijo...

Gran cuento, Manuela, que sirve para llamar la atención justificadamente cuando no sabemos apreciar lo que tenemos.

Abrazo austral.